martes, 29 de abril de 2008

Madrid: resaca sentimental

Estoy afónica y me duele todo el cuerpo. Se removieron los sentimientos y se actualizó la madre, pero el balance de daños ha sido escaso y puedo decir que estoy muy contenta de haber ido y saber que parte de mí pertenece allí.
Me gusta Madrid, me muevo como pez en el agua y me sienta bien. El clima seco es bueno para mi cuerpo, porque no hay humedad: cuando estás tan delgado la brisa marina, a veces, es lo peor.
Vi a mis antiguos compañeros de fatigas erasmus, y observé con cuidado a los nuevos. Fui de compras y para mi realización personal me compré dos pares de zapatos, un vestido y un bolso y una mochila y una camiseta de Malasaña. Sábado noche tocó el turno de La Bella y la Bestia, y me emocioné. Domingo, el gran acontecimiento, discurso de la RAE, Javier Marías hablando de la ficción novelesca y la capacidad de contar, y mostrandose impertinente Rico, comiendoselo cual personaje pudiente del Lazarillo, con pan y vino, como don marcelino. Me sentí un poco importante aunque no tuviera nada que decir ni nadie con quien conversar. Pero mi ego se infla, porque sé que llegaré a ser algo aunque todavía no sepa el qué. Parece que los mire desde arriba -como dijo hace poco un conocido (antes amigo) de él mismo- y que no interactue, pero hay algo que me empuja para atrás, e intuyo que todo me irá bien. No tengo que flaquear... Y por la noche, cena en un restaurante de lujo, gnoquis con salsa gorgonzola, mojito en el Café Madrid de la calle Belén, y baile y música en El Junco, con sensaciones y sentimientos viejos encontrados.
En resumen: un fin de semana de lujo que pronto volveré a repetir.

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